Monday, December 16, 2013




Prefácio do livro Egas Moniz em seu labirinto


La biografía ha sido un género que, en las inciertas fronteras de la literatura y el ensayo de investigación histórica, ha provocado dispares valoraciones. Denostada durante largo tiempo por una historia reivindicadora de ambiciosas metodologías y funciones, siempre ha contado con el beneplácito, cuando no la clara afición, por parte del lector que buscaba el perfil humano en los acontecimientos. Es de celebrar que la ciencia histórica acabase reconociendo los perjuicios de esta ausencia y así hayamos podido vivir el “retorno del sujeto” y, con él, el regreso de la memoria y las individualidades en la comprensión del pasado.
Una acertada elección del objeto del estudio biográfico determina, obviamente, el tipo de historia que se realiza, aunque es la profesionalidad de quien investiga la que permite que un sujeto anónimo ofrezca las claves para poder entender toda una época. Sin embargo, cuando la biografía se ocupa de una celebridad hay que hacer gala de maestría para, en este caso, no dejarnos atrapar por tentaciones emanadas del relumbre de la Geração Médica de 1911 o los laureles del premio Nobel; para historiar al personaje y su tiempo eludiendo el poso dejado por las apologías, deconstruyendo mitos y siguiendo el hilo de Ariadna / Clío para guiarnos y conducir al lector por el laberinto al que se alude en el título.
Este ensayo biográfico sobre Egas Moniz escrito por el Doctor Manuel Correia recoge la documentación en la que ha trabajado el autor en los últimos años como miembro del Grupo de História e Sociologia da Ciência do CEIS-20 da Universidade de Coimbra. Su bien cimentada trayectoria (con varios artículos y el libro Egas Moniz e o Prémio Nobel, de 2006) avala y explica los logros que obtiene en la presente obra.
Dirigida a estudiantes y público en general interesado en la historia, mediante un abordaje extenso e inclusivo nos muestra las caras menos consideradas hasta ahora del biografiado sin descuidar sus dimensiones como político, intelectual, empresario y científico. La multitud de aspectos inherentes al personaje (aludiendo tanto a su relieve como a su construcción), su presencia en momentos y asuntos clave de la ciencia e historia portuguesa, reclamaban el compromiso del investigador con la complejidad, con el camino más difícil de reconstruir al individuo desde todas las posibles perspectivas, sin sesgos previsibles ni complacencias.
El interés del libro es incuestionable por diversos motivos. Uno de ellos es la aportación de materiales inéditos, de información obtenida de los archivos de la Fundación Nobel en Estocolmo: al tratarse de una figura de especial relieve en la ciencia portuguesa, esta documentación es una parte fundamental no sólo de la teoría sustentada en el ensayo, sino también de la posible comprensión de la evolución de la psico y neurocirugía.
Como expresa en las reflexiones bibliográficas / historiográficas que ocupan las primeras páginas de este ensayo, las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años muestran la influencia de la propia construcción (auto)biográfica realizada por Egas Moniz, del “poder biográfico”, y del inexcusable condicionante que supone tratar la figura de un Premio Nobel. Deja así de manifiesto el autor la necesidad de este planteamiento interdisciplinar y crítico, como el ya llevado a cabo en Egas Moniz em Livre Exame (2000) de Pereira y Pita, algo que Correia aplica con éxito en su ensayo.
Presentar la pluralidad de facetas de Egas Moniz es un acierto en la medida en que éstas se muestran articuladas, relacionadas, en la construcción de un juego identitario. Tal y como expone el autor, el poder biográfico permite crear una narrativa heroica e influir en cómo se van a forjar las posteriores. Analiza a un Egas Moniz consciente de convertirse en un emblema nacional, de su propia dimensión épica y, por ello, cuida y perfecciona esa narrativa que se va a generar. Construye su imagen como hombre de ciencia –esto es, un héroe moderno-, motivo de orgullo portugués. A este respecto Correia utiliza con indudable acierto las reflexiones de Antonio Fernando Cascais: no se puede celebrar a un héroe presentando al mismo tiempo sus debilidades y contradicciones. El discurso heroico no se compadece con la polémica, pues el héroe requiere de una narrativa irreprensiblemente apologética.
Egas Moniz muestra esas formas de insertarse en la memoria colectiva que se escapan del poder biográfico, aunque la memoria tenga funciones que hace que teja con otros hilos. La memoria juega para contar historias, con minúsculas, historias en las que, como en la Historia, nos revalorizamos porque algo nos une al premio Nobel. Pero también narrativas legendarias de justicia, de justicia poética, en las que Egas Moniz –el científico que asumió la decisión de experimentar su técnica leucotómica en seres humanos- es víctima de la venganza de un paciente. Símbolo trascendente hasta el punto de que es un director español, Joaquim Jordà, quien filma en 1999 un documental en que la cambiante historia es llevada a un escenario por enfermos mentales de sanatorios del Maresme. Representaciones encadenadas, relatos en matrioska probablemente imprevistos por el Egas Moniz que los protagonizó.
En este sentido, a partir de 1974, por el centenario de su nacimiento, se produjeron rituales celebracionistas en la estela descrita, pero también algunos inconformistas que llevaron a una campaña, en 1988, para “desnobelizar” a Egas Moniz y que el autor analiza con precisión.
Este ensayo de Manuel Correia aporta un imprescindible análisis crítico. No es una biografía al uso, no es una más de las biografías publicadas sobre el científico portugués que obtuvo el Premio Nobel. La obra de Manuel Correia supone la reflexión más rigurosa sobre cómo se construye una biografía, historia y memoria, y qué papel juega el propio sujeto al exhibir la urdimbre sobre la que quiere que se teja, cuando cuenta con el poder para ello. Su propuesta no sólo es precisa, sino también seductora, como al invitarnos, en una suerte de técnica narrativa de cajas chinas, a conocer al biografiado como biógrafo: Correia analiza el modo en que un Egas Moniz, candidato al Nobel, biografía a su vez al premio Nobel español Santiago Ramón y Cajal en una pirueta en que el biógrafo biografiado trasluce experiencias y aspiraciones.
El esmero de la obra se exhibe en todos los detalles, en la adecuada selección de imágenes y en esa exhaustiva relación de fuentes y cuidada bibliografía, tanto en su abundancia como en la pertinencia de sus citas. La publicación de este ensayo es, sin duda, necesaria por venir a completar y redefinir los estudios existentes sobre Egas Moniz; pero, sobre todo, por el innegable valor de su aportación a la historiografía en general y a la de la ciencia en particular. Una lectura que no dejará a nadie indiferente.

Juan Antonio Rodríguez Sánchez
Profesor Titular de Historia de la Ciencia
Universidad de Salamanca

Thursday, May 10, 2007

EGAS MONIZ ESTÁ VIVO!...

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Tuesday, March 13, 2007

A propósito do livro "Egas Moniz e o Prémio Nobel", de Manuel Correia

[Apresentação do livro de Manuel Correia "Egas Moniz e o Prémio Nobel", na Sede da Ordem dos Médicos, em 9 de Março de 2007. Texto de Alexandre Castro Caldas]


Ligam-me a Egas Moniz laços de natureza diversa. Egas Moniz cursou Medicina em Coimbra com o meu avô paterno, que nunca conheci, mas de quem herdei ícones reveladores da boa relação que havia entre condiscípulos. Por outro lado, Egas Moniz foi ainda contemporâneo, nesse período, do meu avô materno que estudou Direito em Coimbra e de quem tive testemunho directo da vida de estudante. Ressalta desses relatos a singularidade da pessoa que já nesse tempo era escolhido pela Academia para ser seu representante e porta voz. Ficaram gravados na memória do meu avô os discursos feitos com rara eloquência e elegância.

Destaca-se desse tempo, agora nas memórias do próprio, a sua liderança da tuna académica sem ser capaz sequer de tocar afinadamente uma nota de música, pesem embora, os esforços havidos na sua infância no colégio com o sacrifício dos recreios que não conseguiram mais do que habilitá-lo com a capacidade de tocar algumas notas de flauta. A música nunca fez parte dos seus interesses, ao longo da vida.

O laço, porém, mais importante que me liga a Egas Moniz resulta do facto de ter eu ocupado, durante 12 anos, a Cátedra por ele criada, e de ter sido responsável pela Direcção do Centro de Estudos Egas Moniz mais alguns anos. Projectos mais ambiciosos levaram-me para outras paragens.

Por estas razões conheci Egas Moniz não só através da sua obra escrita, como por via da herança que fica no ar – nos objectos e nos espaços –, que vela por nós marcando um rumo, e a que nos habituámos a chamar Escola. Recordo com saudade Almeida Lima que uma vez visitei em sua casa, já perto do fim da sua vida, pedindo-lhe apoio para uma iniciativa relacionada com Egas Moniz, ao que ele respondeu: “Estou sempre disponível para os assuntos relacionados com Egas Moniz”. Aprendi a mensagem do discípulo dedicado e incorporei-a na minha prática de vida: por isso aqui estou.

A abertura dos arquivos da Fundação Nobel deu-nos acesso a mais uma peça de análise da vida e obra deste grande Mestre. Disso dá conta, de forma elegante e criteriosa, o Dr. Manuel Correia neste volume onde podemos encontrar, em anexo, a valiosa tradução dos textos que serviram de base às argumentações dos membros do Comité.

Permite este trabalho compreender um pouco melhor o enquadramento internacional do trabalho de Egas Moniz e a opinião que dele tiveram os que foram chamados a comentar.
Escreve o Dr. Manuel Correia na página 82:

“A mão do homem não é infalível, nem sequer a distribuir prémios ...” e assim argumentará ao longo do texto.

Mas devemos começar no princípio e competir-me-á contextualizar, em limites mais alargados, este texto que se foca no Prémio Nobel.

Posso começar por tirar dos próprios trechos de Egas Moniz o relato das conversas que teve com seu tio: o Abade de Pardilhó. Exaltava este as qualidades intelectuais de Egas Moniz à hora das refeições, interessado que estava em que ele seguisse a carreira eclesiástica e dizia-lhe: tu irás longe, com facilidade chegarás a Bispo, a Cardeal e quem sabe até a Santo Padre ...

Com o destino marcado desta forma desde a infância, que mais podia um jovem desejar da vida?

É, provavelmente neste seu conflito interno da troca da vocação religiosa pela Medicina, que Egas Moniz não deixou um dia de fazer uma conferência sobre o Papa João XXI.

Estava, por isto, estigmatizado para o sucesso e para a imortalidade.

O envolvimento na política parece ser o resultado natural de uma actividade estudantil muito participada e dos tempos conturbados que à sua volta criavam oportunidades e solicitações de protagonismo. Sempre desenvolveu a actividade política em paralelo com a preocupação das novidades da ciência médica. Escrever no início da carreira, um trabalho sobre a fisiologia e patologia da função sexual, é já arrojado na conservadora Coimbra da época, mas chamar-lhe “A vida sexual” representa a projecção do saber científico nos mecanismos de atenção da sociedade e, em particular, dos meios de comunicação social. À laia de parêntesis tenho que confidenciar que estou em crer que a publicação deste trabalho pode pretender justificar o encerramento das portas à vida de celibato a que o tio Abade o tinha destinado. Vida essa que, provavelmente, ele aprendeu a rejeitar quando na agitação dos seus terrores nocturnos recebia no quarto, a empregada da casa com a missão de o tranquilizar.

Importa, porém, salientar que este trabalho é também a procura da novidade. Por via deste livro, numa das últimas edições, falou pela primeira vez de Psicanálise como também é relatado no presente trabalho citando a recente obra de Pedro Luses. Mas, dizia eu, a procura da novidade, a sua projecção em linguagem compreensível pelo público em geral, e a vontade de ser o melhor, foram os combustíveis dessa fornalha, que ao longo de muitos anos soube aproveitar as oportunidades que a vida lhe foi dando.

A reforma da Universidade em 1911 foi uma das primeiras oportunidades que lhe permitiu vir para Lisboa ocupar uma Cátedra nova de uma Ciência que dava os primeiros passos. Importa salientar que a geração de professores da Faculdade de Medicina de 1911 foi, talvez, a mais brilhante de sempre. Foi nesse convívio de internacionalização que Egas Moniz se envolveu com empenho. Viajou muito para o centro dos acontecimentos Neurológicos na Europa Continental, porque infelizmente não falava inglês e, quando estava em Paris, ficava em casa de Babinski, uma das figuras mais ilustre da época. Lá conheceu Pierre Marie, Déjérine e tantos outros que deixaram o nome ligado à história da Neurologia.

É muito interessante percorrer os livros que serviram de estudo a Egas Moniz. Em muitas passagens estão notas e sublinhados que revelam as opções mentais do homem génio perante as propostas escritas. Pode dizer-se que a angiografia não nasceu subitamente num campo incultivado, ela resulta de múltiplas tentativas de criação de novas espécies que não chegaram à floração. Encontram-se ideias sobre a esclerose múltipla, tratamento de tumrores, neuropatias ...

A angiografia é o resultado da decantação desse rico substracto e representa uma história de grande tenacidade. Qual de nós seria capaz de levar, na mala do carro, cabeças de cadáver, desde o Instituto de Medicina Legal de Lisboa até ao hospital de Santa Marta, com o receio de que um acidente de automóvel revelasse o conteúdo da caixa e lá, pedir aos técnicos que as radiografassem para que se estudasse a anatomia normal dos vasos do cérebro?

Não vamos aqui relatar todo esse percurso mas importa, na verdade, atentar no que foram os comentários de Jacobeaus à candidatura ao prémio. É importante notar que a proposta nasceu, da envolvente nacional e do interesse em ter um laureado com o Nobel. São os Professores Portugueses que o propõem as duas primeiras vezes. Aqui a competição com Walter Dandy e a sua ventriculografia é difícil e desigual no que respeita à envolvente política mundial e opta-se por não atribuir o prémio a um método de visualização do cérebro – regra que viria recentemente a ser quebrada com a tomografia axial computorizada. A argumentação é pobre à luz dos conhecimentos actuais mas temos que aceitar que haveria insuficiente informação para fazer melhor no primeiro parecer. O mesmo não se pode já dizer do segundo, em que o número de publicações existentes na época era já de molde a augurar um interessante futuro.

Uma nota interessante é feita neste segundo parecer de Jacobeaus ao uso do torotraste e aos seus receios. Neste ponto ele teve razão, visto que esta substância se veio a revelar nociva, quer localmente no ponto da injecção, quer para o fígado e, constituiu um argumento de peso para a facção da Faculdade de Medicina que constantemente se esforçava em desmerecer o interesse do trabalho de Egas Moniz.

Não posso deixar aqui de comentar que no meu curso de Anatomia Patológica, no ano de 1969, tive uma aula inteiramente dedicada ao fígado do torotraste. Na altura não compreendi o interesse clínico do tema, pois estava claramente fora de uso esta substância. Hoje compreendo que simbolicamente representava o que posso designar por “enquistamento da inveja”.

A análise da leucotomia é, porventura, o tema mais difícil de tratar. Se, do meu ponto de vista, o trabalho da angiografia provou na história o seu enorme valor e teria sido merecedor do galardão e me espanta a natureza das argumentações, espanta-me ainda mais tudo o que se disse e escreveu à volta da leucotomia.
Toda a argumentação utilizada resulta da análise de resultados clínicos. Ora isto é, sem dúvida, o componente mais fraco do método proposto. A história contemporânea da ciência deverá julgar a leucotomia, não pelo seu impacto na cura de doentes, que sabemos que foi modesto, embora de alguma valia face ao deserto de outras opções, mas a história está a julgá-la como um salto qualitativo no conhecimento da forma como o cérebro sustenta a actividade mental. Pesem, embora, os desenvolvimentos actuais da psicocirurgia, sobretudo com estimulação cerebral profunda.

Toda a argumentação de Essen-Möller e de Olivercrona negligencia o trabalho da escola alemã, onde desenvolveram trabalho Meynert, Lipman, Wernicke e Freud e trabalho posterior de Goldstein. Estes autores vinham discutindo com argumentos válidos o substrato que serviria de argumentação a Egas Moniz para a leucotomia. Podemos mesmo dizer que a leucotomia acabou por ser a confirmação experimental das hipóteses resultantes de estudos de casos com lesão cerebral.
É talvez Barahona Fernandes em Portugal, o único que, no meio da adversidade das contestações de Sobral Cid e outras figuras da psiquiatria da época, que entende o verdadeiro significado científico do trabalho de Egas Moniz. Barahona Fernandes fez a sua preparação psiquiátrica na escola alemã. Conhecia bem toda essa rica literatura que os falantes de língua inglesa desconheceram durante muitos anos, mas era então um jovem em início de carreira que dificilmente conseguiria fazer valer os seus argumentos.
Estou convicto que Egas conhecia também toda esta literatura em língua alemã, é possível que não tivesse tido conhecimento do caso de Phineas Gage que António Damásio foi buscar para ilustrar o seu primeiro livro onde dá valor ao trabalho de Egas Moniz como contributo científico real. De qualquer forma, a proposta da leucotomia não foi nunca compreendida pelos pares de Egas Moniz em Portugal mas é sem dúvida o resultado de uma reflexão profunda sobre as ciências do cérebro e sem dúvida também, de vanguarda nos conhecimentos da época. Foi infelizmente mal relatada e reduzida a duas ou três referências como a dos macacos neuróticos de Fulton ou a dos tumores frontais. Penso que faltou a Egas Moniz nesse fim de vida o alento para fazer melhor.
Penso, por isso, que as razões aduzidas para não atribuir o prémio à angiografia são erradas como são também erradas as razões para o atribuir à leucotomia. No entanto, há toda a razão para atribuir o Prémio Nobel ao Homem de Ciências que foi Egas Moniz.
Volto à frase que citei do Dr. Manuel Correia:
“A mão do homem não é infalível, nem sequer a distribuir prémios ...”
E posso acrescentar aquilo que é censo comum na nossa cultura:
“Deus escreve direito por linhas tortas.”

Uma palavra final sobre a polémica gerada recentemente à volta da atribuição do prémio. Quanto a mim, resulta da ignorância e necessidade de protagonismo que se pode conseguir pelas boas e pelas más razões. A apresentação do assunto e a discussão que o Dr. Manuel Correia fez neste livro, parece-me bem apropiada e só lamento que o Comité Nobel se tenha dado ao trabalho de responder da forma como respondeu.
Afinal, trata-se só de um Prémio que é capaz de estimular as boas pulsões, mas não deixa de gratificar também a vaidade do Homem.

Lisboa, 9 de Março de 2007

Alexandre Castro Caldas
acastrocaldas@ics.ucp.pt

Friday, February 10, 2006

Documentos Secretos (1)

Fundação Nobel

Parecer sobre Egas Moniz (1928)

Hans Christian Jacobaeus

Material of the Nobel Archives was kindly provided by the Nobel Committee for Phisiology or Medicine

(Material dos Arquivos Nobel gentilmente cedido pelo Comité Nobel de Medicina ou Fisiologia)



Egas Moniz, professor em Neurologia na Universidade de Lisboa, é proposto como candidato ao prémio Nobel pela sua descoberta da “Encephalographie artérielle”.

A descoberta de Moniz consiste em injectar na artéria carótida uma solução de iodeto de sódio a 25% com exposição simultânea do crânio aos raios X, através da qual o sistema arterial do cérebro aparece nítido e bonito em imagem radiográfica.

O autor experimentou a técnica em cães e chegou à conclusão de que dos diferentes sais solúveis em água testados, o melhor era o iodeto de sódio, embora seja possível utilizar outras soluções.
No ser humano também foi experimentado este método segundo a técnica seguinte. A artéria carótida é dissecada, uma agulha fina é espetada na artéria, a parte central da artéria é ligada momentaneamente e nela se injectam de seguida 5 a 6 cc de iodeto de sódio a 25%, feito isto poder-se-ão tirar radiografias do crânio que mostrarão imagens bonitas da rede arterial de vasos sanguíneos da região da artéria injectada. Imediatamente a seguir liberta-se a artéria carótida da ligadura, e a circulação é restabelecida.
Tanto quanto é do meu conhecimento, só 4 ou 5 casos estão descritos em que este método foi praticado e num destes casos foi possível fazer o diagnóstico localizado de um tumor, que segundo o autor não teria sido possível diagnosticar com outros métodos (contudo não tinha sido feita a ventriculografia).
A injecção da solução de iodo é dolorosa, sendo por isso necessário administrar morfina ou atropina antes da operação. Nestas condições parece que as dores são suportáveis. Num dos casos surgiram convulsões durante 3 minutos depois da injecção.
Consegue-se um diagnóstico localizado observando as diferenças entre a rede de vasos sanguíneos do lado saudável e do lado doente. No caso presente a artéria de sylvius tinha sido deslocada para cima no lado doente. A diferença de aspecto nas radiografias enviadas em anexo em dois dos casos publicados era nítida.
Desconheço qualquer verificação do método feito noutra clínica.
Não existem dúvidas sobre o grande interesse do método de Moniz. São também prova disso as declarações entusiasmadas de diversos neurologistas franceses presentes na recente conferência de Moniz em Paris. Contudo o método está ainda pouco comprovado para poder ser considerado merecedor do Prémio Nobel. O diagnóstico apenas foi verificado num caso através de operação e num outro através de dissecação. É também muito difícil verificar se o método é tão inofensivo como o seu autor sustenta em tão poucos casos publicados. É também ainda desconhecida a extensão da sua utilidade.
Por tudo isto, é a minha opinião de que não existe presentemente razão para incluir a “Encephalographie artérielle” de Egas Moniz numa candidatura.

Estocolmo a 10/4 de 1928.
H. C. Jacobaeus.

Traduzido do original sueco
Cortesia de Teresa Guerra

Sunday, August 21, 2005

O Político na Sombra do Cientista (2)





O político na sombra do cientista – (2)
Liberal ou conservador?; investigador científico e místico da objectividade.
Manuel Correia[1]


O presente texto dá continuidade a uma série de reflexões acerca de Egas Moniz (EM) através da exposição, discussão e integração de aspectos marcantes da sua actividade, designadamente das que recobrem as dimensões da política e da investigação científica. Foi sustentado em artido anterior que EM se preocupou em menorizar a importância histórica da fase da sua vida dedicada à política activa, conseguindo, até certo ponto, condicionar a futura sistematização da sua biografia[2]. Tal como veremos a seguir, o que evidenciou acerca da política, da cultura e da sociedade, oferece um plano mais vasto, rico e diversificado, muito para além da efígie do neurologista que sobressai do frizo dos nobelizados. São essas dimensões, eclipsadas pela gestão historiográfica da sua figura, que maior interesse revestem para a compreensão da densidade da sua acção e dos contextos em que se movimentou.


António Caetano de Abreu Freire Egas Moniz, político, ensaísta e neurologista, nascido em Avanca, concelho de Estarreja, em 1874, e falecido em Lisboa em 1955, foi e é celebrado acima de tudo pela actividade científica que lhe valeu, entre outras distinções, o Prémio Nobel da Medicina ou Fisiologia, em 1949. A sua reputação científica deveu-se fundamentalmente à tecnologia de diagnóstico que criou com o objectivo de tornar visíveis as artérias e as veias do cérebro - a Angiografia Cerebral - e à Leucotomia pré-frontal, neurocirurgia destinada à cura de “certas psicoses”. Em 1926, ano em que registou nos anais da neurologia a descrição, ilustrada com radiografias, atestando ter obtido, com sucesso, as primeiras arteriografias[3], o Marechal Gomes da Costa iniciava, em Braga, a marcha de sobre Lisboa, pondo termo à I República. Iniciava-se, então, a transição ditatorial que viria a ter o seu desfecho na implantação do chamado Estado Novo.
Egas Moniz abandonara praticamente a política activa no início dos anos 20 do século passado. O período marcante da sua produção científica veio, assim, a coincidir com um ambiente político em que o cerceamento das liberdades democráticas, a ideologização fascizante da cultura e o controlo obscurantista exercido pelo fascismo e pelo partido único do regime, se iniciaram.
Quando em 1935, regressado da Conferência de Londres, anuncia, com a publicação das Tentativas Operatórias, a terapêutica psicocirúrgica que curaria ou contribuíria para a cura de “certas psicoses”, tinha-se já fechado o 1º ciclo de acontecimentos políticos que levaram do 28 de Maio de 1926 à aprovação da Constituição de 1933, vivendo-se já em plena fase de consolidação da ditadura.

A sua história de vida, em conexão com as mudanças políticas que se operaram em paralelo, tornam-no um ponto de apoio privilegiado para uma melhor compreensão do que foi mudando ou permanecendo.

Apesar de ser considerado pelos seus próximos como alguém “Sem interesse pela filosofia”, “um místico da objectividade”
[4], os conceitos que adoptou, desde cedo, decorrem de uma categorização filosófica precisa. O positivismo, com larga influência em Júlio de Matos e Miguel Bombarda, quer na sua versão naturalista, quer no enfoque do materialismo monista, exerceram uma influência evidente sobre EM.


Uma conferência: «As psicoses sociais»

Em 1939, o exército alemão invade a Polónia, dando início ao maior conflito que marcou o século XX. Portugal vê consolidar-se o regime de partido único que foi a ditadura de Oliveira Salazar e do seu Estado Novo. Para EM, este foi um ano também inesquecível. Por más razões, primeiro. Sofreu um atentado no seu consultório da Rua do Alecrim
[5]. Um dos seus pacientes, desaprovando o doseamento da medicação que o neurologista lhe prescrevera, disparou sobre ele oito tiros de um revólver que trouxera escondido, acertando-lhe cinco vezes. Em perigo de vida, EM foi conduzido ao Banco do Hospital de S. José, recuperando a custo. A chuva de mensagens que recebeu, das mais diversas proveniências, domésticas e internacionais, confirmou o seu grau de prestígio e o interesse e cuidado que a sua figura suscitava. Tais provas, calaram-lhe fundo. Em simultâneo, a imprensa ocupou-se pormenorizadamente das circunstâncias em que ocorreu o atentado, publicando amiúde breves acerca da evolução do seu estado de saúde. Já recomposto e livre de perigo, EM retoma gradualmente os seus afazeres. Revê, com a ajuda de António Flores, a tradução alemã do que viria a dar a sua obra Die cerebrale arteriographie und phlebographie[6], abruptamente interrompida pelo infausto sucedido; tenta agradecer, por escrito e, nalguns casos, pessoalmente, à numerosa lista de pessoas e entidades que com ele se solidarizaram e inquietaram. Após o habitual período termal e o repouso em Avanca, volta a Lisboa.
Na sede da Ordem dos Advogados, em 14 de Dezembro, EM profere uma conferência. “Psicoses Socias” é o título.
O conferencista que surge nessa data perante um auditório atento e interessado é um homem de ciência, duas vezes agraciado pelos seus pares, cá e no estrangeiro. Desde 1926, pelo registo e prática de uma nova técnica de diagnóstico, - a Angiografia Cerebral - que permitira visualizar pela primeira vez, in vivo, através do registo em Raio X, a árvore vascular cerebral. Foi esse o seu primeiro feito científico de vulto, cerca de cinco anos após o abandono da vida política activa. Mas, além disso, é já, também, o reputado inventor da leucotomia préfrontal, operação cirúrgica do lobo frontal do cérebro humano, destinada à terapia de “certas psicoses”, que se inscrevia no recém criado domínio da Psicocirurgia. Já nomeado para o Nobel por várias vezes, a notoriedade que conquistara tornara-o prestigiado e louvado em praticamente todos os quadrantes.
De que vem, então, EM falar aos advogados e outros homens de leis que acorrem à sede da Ordem dos Advogados para ouvi-lo? Dos resultados das suas pesquisas científicas? Dos progressos da medicina? Não. EM vem, ainda, falar-lhes de política. Na óptica particular de um especialista em neurologia e psiquiatria que entende, tal como outros do seu tempo, que a sociedade podia ser considerada como um organismo enfermo, carente de terapêuticas apropriadas, de uma medicação adequada. E que, para esses males, o tribuno que ali estava, diante de uma audiência expectante, também tinha uma palavra a dizer e conselhos a dar.
Num breve exórdio, faz questão de sublinhar a sua proximidade social e cultural dos homens de leis, elogiando-os, apelando à sua conivência e, em simultâneo, apontando, em termos gerais, o seu grupo de pertença.

(...) qualquer assunto arrancado aos arcanos da nossa actividade científica seria aqui compreendido, tão juntos andam médico e advogados nas contendas do foro.
[7]

Depois, inicia a explanação dos pressupostos que o levam a considerar que a sociedade e a política podem ser objecto de uma análise baseada nos seus conhecimentos neurocientíficos.

Julgo que as psicoses não são atributo exclusivo dos indivíduos cuja mentalidade dilaceram e aniquilam. Os aglomerados sociais também podem sofrer de males idênticos que destroem o equilíbrio da vida normal.
[8]

Com a transposição das características do organismo humano para essas entidades a que chama aglomerados sociais, o conferencista passa a comentar a turbulenta situação internacional, sem aludir necessariamente circunstâncias concretas, bastando-lhe, para tal, a competência científica que lhe era reconhecida. De certo modo, o cientista pronuncia-se sobre a dimensão política dos assuntos sociais, sem se colocar na posição que outrora ocupou, de um político que também era médico.
A concepção organicista da sociedade parece, por vezes, próxima da postura corporativista cuja variante doutrinária imediata constituía o principal eixo do Estado Novo. A Constituição de 1933
[9] estatuíra-o limpidamente. Naquela altura, em finais de 1939, as corporações, ainda em número reduzido, ensaiavam, atrapalhadamente os primeiros passos[10]. Esta assimilação da sociedade a um organismo cujas manifestações podiam ser morbilizadas ou, ao contrário, consideradas harmónicas e normais, pelo médico-cientista-comentarista político, não constitui, em EM, um acto interpretativo isolado. O nosso conferencista pôs frequentemente em evidência a sua preocupação com a problemática da ordem. Mesmo no plano estético, como apropriadamente assinala António Pedro Pita[11], EM valoriza aquilo que considera a ordem natural, considerando indesejáveis e mórbidos os padrões dos autores que se afastavam desse cânone:

Nunca nenhum dos discípulos do Mestre [Silva Porto] se sentiu arrastado para a pintura dos reptos shakspeareanos da desgraça, ou das catadupas frementes das convulsões sociais. (...) As lutas da existência só fugazmente transparecem num ou noutro quadro, porque, em suma, viver é lutar; mas as grandes conflagrações passam de largo, não perturbando o culto da Natureza na sua estática surpreendente ou no movimento quási rítmico da vida quotidiana.
[12]

Não apenas a técnica, o estilo e o padrão são visados. Os motivos temáticos também são relevantes para a apreciação que EM faz dos artistas que se afastam do culto da Natureza. Entre eles, figuram destacadamente os reptos da desgraça e as convulsões sociais.
Às suas primeiras palavras na conferência da Ordem dos Advogados, segue-se uma alusão a outra entidade psico-social, certamente devedora da elaboração teórica de Gustave Le Bon.
[13]

As multidões têm alma própria, com qualidades que as diferenciam e lhes dão forma psíquica especial. Entre uma povoação portuguesa e outra chinesa, há tanta semelhança como entre um branco e um amarelo.
[14]

Tendo deixado claro que a sua intervenção assentava nessa metaforização transfigurada em pressuposto teórico - as sociedades são como os organismos - e tendo exemplificado que formas sociais lhe mereciam destacada reflexão - os aglomerados sociais e as multidões - EM passa à fase de diagnóstico. Enumerará quatro tipos de psicose - do medo, convulsiva, da superstição, da guerra - e deter-se-á em cada um deles, desenvolvendo, comentando e enfatizando, no final, que o exposto não decorria de uma elaboração opinativa, volátil e questionável, como as meras opiniões costumam ser, mas de conclusões a raiar a cientificidade:

Tristes conclusões que a observação dos factos impiedosamente impõe.
[15]

É assim o nosso conferencista: imaginativo, afirmativo e disposto a dobrar a fúria dos elementos, de forma a que estes obedeçam à sua vontade indómita, ao seu saber, cujas particularidades neurológicas e psiquiátricas não saem diminuídas ante a vastidão e a natureza social da temática. Pelo contrário. Os seus conhecimentos são investidos de potencialidades sociológicas e psico-sociais possuindo uma espantosa capacidade explicativa.
No final da conferência, o auditório terá sido confrontado com três teses fundamentais: a sociedade é como um organismo dotado de psiquismo; as causas e motivações geradas quer por ideais quer por interesses não são relevantes para compreender a dinâmica social; quaisquer formas ou expressões de desordem estão indissociavelmente ligadas a graves e profundos desequilíbrios da alma colectiva.

Passaram cerca de vinte anos sobre o momento em que abandonou definitivamente a política activa, e quarenta desde que começou, tendo então sido eleito deputado pelo Partido Progressista, em 1901. Está com sessenta e cinco anos mas, apesar da gota que o tortura há muito tempo e da recente convalescença que se seguiu ao atentado de que foi vítima, mantém uma tenacidade e persistência proverbiais.
Fala da morbidez observável nas colectividades “em crises de medo” e acrescenta uma nota intimamente associada à sua visão dos fenómenos psíquicos

O mal generaliza-se [na sociedade] e transmite-se a todos os seus membros, como se estivessem de mãos dadas a receber uma descarga eléctrica.
[16]

Isto porque certos acontecimentos sociais podem dar origem ao pânico. Especifica que “As revoluções estão neste caso (...)” e, quando se ocupa, pouco depois, da Psicose Convulsiva, determina-lhe uma etiologia associada às grandes causas e crenças que alimentam as grandes movimentações sociais

[a psicose compulsiva] Tem as suas raízes no fanatismo de colorido religioso, filosófico, político ou social. Erguem-se então em revolta, as multidões desvairadas, na estulta pretensão de, dominando os que não comungam das mesmas ideias, subjugar o pensamento humano, eterno e insubmisso, que não cede à força, nem se deixa amordaçar pela opressão.
[17]

Esta nítida delimitação das elites, principais protagonistas do “pensamento humano, eterno e insubmisso”, para um lado, e das “multidões desvairadas”, para outro, exprime uma outra convicção de EM acerca dos verdadeiros responsáveis pelas políticas de guerra. Graças a uma espécie de proto-estruturalismo de inspiração psicanalítica, o conferencista remete-nos para outro patamar de imputabilidade:

Atribui-se a guerra ao estadista ou estadistas que a declaram, deixando num plano secundário a nacionalidade que a impôs. E, contudo, são as massas populares em que se aglomeram bons e maus, ignorantes e sábios, ousados e medrosos, as impulsionadoras da guerra. É um fundo psicopático colectivo que age e determina o conflito.
[18]

A causa mais profunda, isto é, a verdadeira responsabilidade da iniciativa dos conflitos armados entre Estados, não deveria ser imputada aos membros das elites políticas investidos de cargos de Estado, decisores e poderosos, mas, antes, a uma emanação da alma colectiva que os ultrapassa.

Os dirigentes têm a impressão de que comandam, quando são apenas comandados.
[19]

Dos horrores da guerra estampados nos corpos de muitos militares que observou na qualidade de clínico de neurologia, examinando pacientes portadores de lesões cerebrais contraídas em combate
[20], até aos debates que atravessaram a esfera política em véspera do envolvimento de Portugal na I Grande Guerra (1914-18), e às altas responsabilidades que assumiu como fundador do Partido Centrista, Embaixador em Madrid, Ministro dos Negócios Estrangeiros e Presidente da Delegação Portuguesa à Conferência de Versailles, ninguém se lembraria de acusar o nosso conferencista de desconhecimento das matérias que está a focar. Todavia, EM não se confunde com essas massas populares que menciona porque, neste caso, tal como noutros, a sua condição de médico e de cientista, coloca-o acima das considerações que acaba de expender:

Desde que a guerra surge, nem todos são absorvidos no ciclópico redemoinhar da contenda. [Os que se situam noutro plano] São os médicos, enfermeiros e auxiliares. (...) em ambos os campos, os médicos lutam pela vida dos feridos, sem olhar à sua proveniência.
[21]

Enquanto a maioria dos envolvidos no confronto bélico se aplica a infligir ao inimigo as mais duras provações visando, de preferência, a sua aniquilação pura e simples, conduzindo-se “como se fossem um só homem”, as gentes da condição de EM agem em sentido oposto, desligadas dessa espécie de desforra colectiva, tratando dos feridos, cuidando dos enfermos, salvando vidas.

Assim falou, portanto, o conferencista. Não brindou o seu auditório com um discurso sobre ciência, sobre os seus achados já tão celebrados na época, como tantas outras vezes fez. EM preferiu falar das «doenças» que vitimam os «aglomerados sociais» e as «multidões». Se não pôde trazer novas acerca da terapêutica mais indicada para elas, conseguiu, pelo menos, diagnosticar as respectivas «psicoses», admitindo que face a elas, os sociólogos se encontram desarmados, do mesmo modo que os médicos, diante de algumas doenças para as quais não se conseguiu ainda encontrar a cura.
O modo como o nosso discursante encara a sociedade não é, no seu evidente reducionismo, nada surpreendente na época. As visões organicistas estão ainda em voga. São mesmo, na sua versão corporativista, como já foi aludido anteriormente, doutrina de Estado, com acolhimento constitucional. Confinar a dinâmica social ao binómio elites/massas, implica a desvalorização de uma análise mais fina que dá conta da existência de diferentes grupos sociais, com identidades próprias e com a compreensiva afirmação das suas autonomias culturais, sócio-económicas, de cujos estatutos derivavam aspirações e reivindicações específicas. Confrontando as ideias que EM expressa nesta conferência acerca das Psicoses Sociais com outros textos da sua autoria, percebe-se facilmente que ele reconhece a existência de grupos sociais com características próprias. Não se trata tanto de um saber acerca do social. Trata-se, antes, de uma atitude, de uma perspectiva e de uma concepção que confundem os movimentos sociais com a desordem; as reivindicações e aspirações com o desafio da autoridade do Estado; e a actuação autónoma como a transgressão de princípios para os quais não são reconhecidos direitos.


Organicismo e corporativismo

O panorama geral que EM traça da sociedade não surpreenderá, por certo, quem acompanhou atentamente o seu trajecto político. A primeira década de acção política, que coincide com a profissionalização e especialização clínicas, é marcada pela adesão ao Partido Progressista, pelo qual é eleito deputado. Desapontado com o acordo tácito que existia entre o seu partido de então e o Partido Regenerador, que se traduzia num rotativismo inconsequente, acompanha o grupo de José d’Alpoim no movimento conhecido por Dissidência Progressista, aproxima-se dos meios republicanos e participa activamente na oposição a João Franco e à ditadura consentida e apadrinhada por D. Carlos. O seu activismo torna-se a tal ponto notado que é preso a 28 de Janeiro de 1908 - exactamente na véspera do regicídio - por envolvimento na intentona da Biblioteca. É iniciado na Maçonaria - na Loja Simpatia e União, em 22/12/1910 - e toma assento na Constituinte com o triunfo da República. Em traços sumários, o pendor liberalista que ganhou na Universidade e nas suas deslocações a França, leva-o à ruptura com o Partido Progressista e, depois, à cumplicidade com alguns dirigentes republicanos. Uma vez deputado à Constituinte, no começo da segunda década da nossa periodização, EM revela-se de um republicanismo moderado, conservador em muitos aspectos, crítico dos excessos jacobinos. Tais posturas pô-lo-ão em rota de colisão com Afonso Costa, de quem se tornará adversário acérrimo. Já por esse tempo, no conjunto de propostas que apresenta ao Parlamento, se pronuncia «A favor de uma representação ‘corporativa’»
[22] evidenciando assim uma reflexão peculiar acerca da representação institucional dos diversos interesses socio-económicos, que retomará na conferência da Ordem dos Advogados a que acabámos de assistir. No final de 1912 tinha-se afastado da actividade parlamentar, considerando que deixara de ter condições para se exprimir livremente. Cerca de quatro anos depois é preso, acusado de envolvimento no Movimento de Pimenta de Castro (que apoiou de facto). Reaparece. Funda o Partido Centrista, no seio da corrente conservadora e moderada que critica fortemente a gestão do Partido Nacional Republicano. O programa Centrista é publicado em Outubro de 1917. É curioso constatar que a Ciência não é aí objecto de qualquer referência. Em vez disso, propõe a elevação da «nossa cultura média [através do] ensino prático»[23]. Tal lacuna não surpreende muito. Para além da prática científica ser então incipiente, quer o entusiasmo, quer os seus objectivos imediatos, nessa época, não se concentravam tanto na actividade científica como veio a suceder mais tarde. No mesmo programa, trata da questão social, reservando uma atenção especial à condição operária. Segundo ele, o capital e o trabalho, a burguesia e operariado deveriam aliar-se em vez de se guerrearem, exprimindo o desiderato de uma paz social sem greves. Também neste aspecto enuncia a desejabilidade de soluções de cariz corporativista. A paz social, a ordem e o bom entendimento entre actores sociais, constituem, para ele, uma das condições sine qua non do crescimento e desenvolvimento económico. Tal não o impede de reconhecer a insegurança, a pobreza e a vulnerabilidade dos operários, apontando uma série de objectivos tendentes a minorar a situação deplorável em que se encontram. Todavia, o seu pensamento profundo e reservado acerca da condição operária, surge admiravelmente sintetizado na frase

Se o capital se reproduz pelo juro, o operário amortiza-se pelo filho, e este será valor tanto mais garantido quanto a sua educação for mais cuidada.
[24]

Para a harmonização das relações entre capitalistas e operários, EM enuncia o que, segundo ele, são os objectivos naturais de cada entidade. Não lhe interessa particularizar. Opera no plano das abstracções sócio-económicas, fazendo sobressair uma espécie de dimensão rentista de ambos os módulos: um reproduz-se pelo juro (amortização dos empréstimos); o outro amortiza-se pelo filho (o salário é um empréstimo). De onde, capital e operário são bens sócio-económicos que tendem para uma realização determinada. O filho do operário (o operário antroponomicamente reproduzido) verá elevar-se o seu valor próprio em função da educação que receber. Porquê? EM não se detém na valorização individual, cultural e cívica do futuro operário. O seu raciocínio é guiado, uma vez mais, por um objectivo de carácter colectivo e corporativo

E assim instruídos sob a mesma orientação, dirigentes e dirigidos, levantado o nível geral da intelectualidade, dispostos todos à realização de um trabalho útil e essencialmente produtivo, será mais fácil o entendimento entre todos aqueles que, como suprema aspiração, anseiam por um maior bem-estar para todos os homens que, aproveitando a sua actividade, se orientem em melhor sentido para a obtenção de um fim mais durável e mais elevado.
[25]

A educação preparará, então, a harmonização do contraditório. A elevação cultural de uns consistirá na aceitação pacífica das consignas dos outros.
Cerca de vinte anos depois, na conferência de que nos ocupámos anteriormente, EM subirá a um grau de abstracção mais elevado, deixando as diferenciações classistas para trás e ocupando-se exclusivamente dos grandes aglomerados. Todavia, em pano de fundo, as mesmas preocupações de vinte anos antes e as mesmas soluções de feição corporativista, persistem.
As historiografias, hagiográfica ou neo-realista, por razões certamente diferenciadas, ocultaram ou menorizaram a dimensão conservadora de um político que não só se bateu denodadamente contra a esquerda da República Velha, personificada no Partido Democrático de Afonso Costa, como programou e conseguiu favorecer a direita do seu tempo. Considerou-se, por certo, despiciendo, este aspecto marcante do pensamento e da acção de EM. Provavelmente, compaginava-se mal com a produção da imagem de um sábio impoluto ou de um resistente acossado. Estes reducionismos, produzidos pelas simplificações históricas, acabam, a longo prazo, por envolver as figuras humanas e os seus contextos num manto diáfano que deixa apenas vislumbrar os feitos e a glória, desligando-as das grandes questões do seu tempo, das paixões e dos ódios que as tornam mais verosímeis, mais interessantes e mais susceptíveis de merecer interesse e admiração. Para reconhecer social e culturalmente o homem, as suas causas e a sua época, deveremos tomá-lo por inteiro, sem receio de revelar o que, quer o próprio, quer outros, ocultaram ou dissimularam com motivações diversas.


Outra conferência: «As doutrinas de Exeter»

Desde o seu despertar para a política, EM foi adoptando diferentes posições. Do meio legitimista onde nasceu e foi educado, até ao evidente tacticismo do último período da sua vida, o inventor da angiografia cerebral procedeu a diversas adaptações. Foi monárquico de pendor constitucionalista e liberal, republicano conservador, se bem que, com a fundação do Partido Centrista Republicano, tenha reivindicado o epíteto de moderado, sem desprimor do claro e expresso objectivo de reforçar a direita da 1ª República.
Na sua acção política, perfilam-se duas rupturas principais: a Dissidência Progressista, que o leva, sob a direcção de José d’Alpoim do campo monárquico para o republicano, em meados da década que antecedeu a instauração da República; e a demarcação da esquerda republicana, mais nitidamente dos Democráticos liderados por Afonso Costa. A sua concepção da sociedade, porém, ter-se-á mantido ao longo do percurso. O fresco que nos oferece o conferencista das «Psicoses Sociais» não se desvia muito do quadro subjacente a um dos principais pilares em que a sua autobiografia «Um ano de política» assenta. Se avançarmos no tempo e prestarmos atenção a uma outra conferência que proferiu em 1945, poderemos, por um lado, confirmar a permanência da matriz conceptual acerca da sociedade e, indirectamente, da política; por outro lado, ser-nos-á dado verificar que à medida que se afastou da política activa e enveredou por análises de mais elevada abstracção, as ideias expressas põem em destaque os traços mais conservadores da sua concepção do mundo.
«A geração humana e as doutrinas de Exeter», foi o título dado por EM à conferência que foi convidado a proferir na Sessão Solene de Abertura dos Trabalhos académicos da Sociedade de Ciências Médicas. Estávamos, então, a 30 de Outubro de 1945.
O conferencista de agora, sendo o mesmo, é já, também, diferente. Passaram os anos da II Grande Guerra. Na primavera anterior, após a Conferência de Yalta, tudo se acelerou. As potências do eixo foram, enfim, derrotadas. Em Agosto, sobre os horrores ainda palpitantes de mais de cinco anos de carnificinas, a aviação dos EUA lança sobre Nagasaki e Hiroshima as duas bombas de hidrogénio que vêm colocar uma questão nunca respondida à consciência dos vencedores e, particularmente, dos cientistas e técnicos que contribuíram para que tal capacidade mortífera pudesse ter conhecido a luz do dia. Em Outubro tinham tido início os Julgamentos de Nuremberga e, pouco depois, assistia-se à fundação das Nações Unidas. Jubilado no ano anterior, o conferencista tomara conhecimento que o Prémio Nobel de Medicina ou Fisiologia desse ano fora atribuído, em simultâneo, a dois ingleses e a um australiano - Alexander Flemming, Erns Boris Chain e Howard Walter Florey - pela descoberta da penicilina e os seus efeitos curativos em várias doenças infecciosas. Ao arrepio das manifestações de alegria que irrompiam por todo o lado, o Governo de Salazar decretara, em Maio, três dias de luto oficial pela morte de Hitler.
Entretanto, a sua notoriedade científica alargara-se. O impacto da angiografia cerebral continuava a trazer-lhe o louvor dos seus pares de diferentes quadrantes do mundo; a lobotomia, método directamente inspirado na leucotomia préfrontal, era praticada em grande escala por Walter Freeman nos EUA. Mercê sobretudo da primeira (a angiografia), já que a segunda (a leucotomia), alvo de maior controvérsia, sempre levantara mais dúvidas e resistências, fora-lhe atribuído, nesse mesmo ano, o Prémio de Oslo que poderia ter parecido, naquela altura, o corolário de uma carreira singular.
O conferencista veio falar-nos das experiências levadas a cabo na Clínica de Exeter, no Reino Unido, onde, se procedera, com sucesso, à inseminação artificial. Sabendo da relutância e das resistências que esse procedimento já então provocava, decidira dar um passo em frente e tornar público o que de avisado se lhe oferecia dizer. As suas palavras soam como consignas para o planeamento familiar, com um peso social e implicações políticas assinaláveis.
Fundamentando as vertentes positiva e negativa da sua concepção do eugenismo, pronuncia-se, primeiro, acerca da indesejabilidade da inércia procriativa

(...) os débeis, os tarados, os achacados de toda a ordem, muitos deles de origem hereditária, são peso morto a cair sobre a colectividade.
[26]

Pelo que

(...) evitar a fecundação é dos preceitos eugénicos que convém divulgar e, em muitos casos, impor.
[27]

A disposição de impor qualquer intervenção terapêutica suscitaria dúvidas no auditório atento às suas sábias palavras? Seria perceptível que ao impor a esterilização, assim subentendida, o conferencista não tomara consciência que podia ir contra os direitos dos visados? É difícil descortinar de que modo, conferencista e auditório, avaliavam a legitimidade desta espécie de programa eugénico. Para eliminar quaisquer compreensíveis conotações com o que se ia sabendo a pouco e pouco da “Solução Final” implementada pelos nazis, o conferencista pretende ser peremptório

Na Alemanha de ontem foi esta doutrina mal orientada e exagerada por superstições várias que a levaram à efectivação do meio drástico da esterilização forçada, só admissível em casos muito especiais de marcada hereditariedade psicótica.
[28]

Mas há um ponto em que o conferencista é suficientemente claro: a que pessoas ou entidades compete ajuizar, decidir e executar as acções eficazes para pôr em prática esse programa eugénico?

Aos médicos, e acima das leis, compete essa missão preservando numa actividade protectora das boas qualidades da prole.
[29]

Não é difícil dar conta de ecos teóricos e filosóficos de Haeckel e Miguel Bombarda nesta dureza e inflexibilidade de planificação. As certezas darwinistas reforçadas pelo materialismo ontogenético seriam fundamento bastante para elaborar e aplicar os critérios da vida - quem pode ou não procriar; quem tem ou não condições para uma reprodução antroponómica sadia.
A alta importância que o conferencista confere aos do seu estatuto, não pode deixar de estar em relação com a velha (mais velha hoje do que então, por certo) república dos sábios preconizada por Auguste Comte. Ao confiar-se o governo do mundo àqueles que o podem desempenhar exclusivamente com base na ciência positiva, as coisas só podem correr melhor, logo, em matéria de saúde, - porque EM entendia a autorização de procriar como uma matéria de saúde pública - quem, melhor do que os médicos, para desempenharem a função? É compreensível. Todavia, no plano das implicações políticas, nota-se uma inflexão. Não em matéria de construção do estatuto social. Um homem que pertenceu à elite dirigente e que, de certa maneira, continua a dela fazer parte, revê-se, tendencialmente, como um ser altamente capaz e predestinado para o exercício de quaisquer poderes. Mas, no tocante à arquitectura da República Democrática, as referências liberais, a separação dos poderes e o primado da Lei, fizeram e ainda fazem a diferença entre um democrata e um partidário de qualquer espécie de despotismo.
Entre os seus escritos de 1919, 1935, e 1945, nota-se pois, um progressivo recurso à abstracção, provavelmente decorrente do seu afastamento das preocupações peculiares da política activa, e, nesta conferência de 1945 acerca das doutrinas de Exeter, uma acentuação da tendência já anteriormente aludida de morbilização e medicalização do social.
Considerar a sociedade como um organismo não constituía, à época, nada de surpreendente. O sincretismo organicista que em EM deixa entrever influências da síntese Comteano-Darwinista em que Júlio de Matos se empenhou, é um imperativo ideológico do movimento republicano desde o último quartel do século XIX. Pensar a ciência e pensar com a ciência, implicava abraçar as grandes teorias da época
[30], que entroncavam no positivismo forte e fraco de inspiração comteana, no Darwinismo, no Malthusianismo, na psicologia social de Gustave Le Bon, na sociologia de Spencer, e na absolutização hereditarista de Lombroso.
Mesmo para Teófilo Braga, cuja crença eufórica nas virtudes evolucionistas do proletariado o afastava decididamente do enquistamento anti-socialista de Júlio de Matos,

A ciência da sociologia, revelando-nos as condições de existência do organismo social, compete o descobrir e analisar os pontos em que subsiste a perturbação, e, uma vez determinada, eliminar-lhe as causas por meio de claras noções
[31].

Especificando, noutro lugar, que

Os fenómenos sociais são uma continuação dos fenómenos orgânicos, imediata enquanto aos actos inconscientes e involuntários, como a sexualidade, a natalidade e a mortalidade, mas sempre em correlação apesar das imprevistas complicações da vontade individual.
[32]

Podendo-se, assim, aquilatar a recorrência da metáfora organicista nas concepções cientistas de diferentes pensadores que influenciaram decisivamente o modo de categorização sociológico de toda uma época. O biologismo sociológico que os «nossos positivistas perfilharam»
[33] constitui, pois, uma evidência científica fruto de uma visão positiva orientada para a ordem e para o progresso.
Porém, em Egas Moniz despontam lampejos de uma evolução metafórica na forma organicista de encarar a sociedade. Para ele, se a sociedade se pode comparar, em geral, a um organismo, devido aos atributos de reprodutibilidade, evolução e ciclo degenerativo, haveria ainda que compreendê-la na sua dinâmica, nas causas que a mobilizam e têm por desfecho mudanças mais ou menos profundas. Neste particular, EM acompanha uma mutação teórica que virá a marcar também a sociologia dos EUA e da Europa Ocidental, fazendo a transição da sociedade como organismo natural para a vizinhança da sociedade como comunidade cibernética, numa elaboração que, para alguns autores
[34], continua a ser a projecção do organismo despojado dos factores antropomórficos, centralistas e arcaicos, que se autodenominou sistema.
Para EM o factor explicativo dos fenómenos psíquicos era da ordem do fluxo energético, uma espécie de corrente eléctrica interneuronal. E, apesar das questões ligadas à sexualidade, à reprodução antroponómica e à hereditariedade, o terem preocupado desde muito cedo
[35], desvalorizava nelas os factores individuais, enfatizando aquilo que considerava o seu automatismo, o carácter instintivo do acasalamento e da procriação, negando-lhe qualquer lampejo de racionalidade. Que factor faria, então, mover multidões, levá-las a enfrentar ameaças à sua integridade? Qual seria a explicação para as movimentações desordenadas e inesperadas das grandes massas?


O mundo na cabeça

Ao expor a génese das reflexões que o conduziram à experimentação in vivo cujos resultados viemos a conhecer sob a denominação de leucotomia pré-frontal, EM salienta que

Ao lado (...) [da] noção [de neurónio, de acordo com a teorização de Ramón y Cajal] demonstrou-se a existência de influxos que atravessam constantemente o sistema nervoso e cujos componentes eléctricos - outros terá - é denunciado pelo galvanómetro.

Adiantando, logo a seguir, que

Esta acção sináptica é a origem da vida psíquica. Esta aparece alterado logo que o seu mecanismo deixe de funcionar normalmente. Por outras palavras: é nas sinapses que deve existir o substrato anátomo-patológico de algumas psicoses ditas funcionais.
[36]

Revelando, assim, que esses fluxos energéticos, análogos às correntes eléctricas, não só animavam os centros da vida psíquica, como muito provavelmente a constituíam. A utilização da corrente eléctrica para efeitos terapêuticos, comprova igualmente a convicção de se estar a utilizar uma «substância» cuja natureza seria similar aos fluxos energéticos que atravessavam o sistema nervoso. De qualquer modo, num caso e noutro, o galvanómetro acusava a sua passagem, fornecendo a prova experimental da similaridade entre as duas. Haveria outros componentes para explicar algo tão complexo como a vida psíquica? Haveria. Mas seguramente menos evidentes e pouco susceptíveis de uma experimentação tão próxima do visionamento.
Abel Salazar, por exemplo, acentuava, na sua teorização da correlação íntima do cérebro, os factores hormonais, insistindo, pelo menos desde o início dos anos 30, num dinamismo do inconsciente cujo carácter seria «não espacial» e «não anátomo-fisiológico»
[37], explicando o conflito social por uma correlação problemática entre o consciente e o inconsciente, enfatizando a dimensão histórica e cultural mas, recorrendo, curiosamente também a uma metáfora em forma de fluxo impreciso

O inconsciente é um dinamismo cego, a força psíquica, uma corrente subterrânea em fluxo através dos tempos.
[38]

Esta corrente subterrânea de Abel Salazar não é a mesma corrente que Egas Moniz podia comprovar com a utilização do galvanómetro. Talvez por isso EM, sem muito se deter na consideração das concepções diferentes que sabia existirem acerca da vida psíquica, se limitasse a anotar, de passagem, que, para além dos componentes eléctricos, outros haveria...
Quando EM projecta na sociedade o modelo do cérebro doente para sublinhar ideologicamente que a desordem social é da ordem do desequilíbrio mental e, portanto, de um estado indesejável que convém contrariar e, se possível, curar, alude também ao fluxo que parece electrizar os indivíduos, tornando-os como que um corpo só, divorciado da razão.
[39]
Numa espécie de jogo isomórfico, a cabeça, ou a mente, no lugar da sociedade; as psicoses no lugar das revoluções e outras movimentações desordenadas; os neurónios no lugar dos aglomerados sociais; e um indefinido mas comprovado fluxo energético a atravessar sequências neuronais e multidões, desestabilizando comportamentos, dando lugar a rebeliões, levantamentos, protestos.
Nada disto surpreende nas formas de pensar partilhadas por numerosos actores políticos contemporâneos de EM, cientistas ou não. Tal como recorda Fernando Catroga

As revoluções eram comparadas às doenças orgânicas ocasionadas por causas internas ou externas e as suas deflagrações não passavam de reacções do organismo social, as quais, libertando-o dos elementos degenerescentes, visavam instaurar a normalidade progressiva no seu funcionamento.
[40]

Na identificação do que estava em harmonia com a natureza e a sociedade, organizada e progressiva, os «Grandes Homens»
[41] - sábios, cientistas, iluminados pela filosofia positiva - constituíam a elite a quem competia igualmente traçar a linha de fronteira entre o mórbido e o são, relembrando, enviesadamente, que «O Estado é a única fonte de «direito» à violência»[42], nomeadamente da violência que consiste em proceder a classificações que, ao alterar a identidade dos indivíduos, (são/doente; de boa ou de má prole; normal/desequilibrado), afectavam o seu destino pessoal.
O politico e o cientista, ao viverem filosoficamente unidos pela crença positiva, projectavam as suas convicções em todos os azimutes. No caso de EM a sociedade é observada com base no modelo da psique humana e do sistema nervoso. Operando toda a metaforização ao jeito de uma equação semântica, a hipótese de o nosso sábio pensar a psique humana com base no modelo assente na sua concepção da sociedade ou, mesmo, do mundo, não deixa de ser tentadora...




...Ou a cabeça no mundo

Algumas das ideias correntes acerca do nosso primeiro cientista nobelizado, mesmo nalguns casos de registo historiográfico, relevam mais da memória do que da história
[43].Ao que parece, acontece frequentemente que ambos os registos se fundem, sendo, por vezes, muito árduo o trabalho de destrinçá-los. Fazê-lo, todavia, constitui um exercício que acrescenta conhecimento às ideias que foram ficando sobre os contextos históricos e os seus actores, revelando dimensões porventura desconhecidas fornecendo novas chaves para a compreensão das obras humanas.
Desde a falsa ideia de que o inventor da angiografia cerebral teve uma curta passagem pela política, até à infundada conclusão de que a distância calculada entre ele e o regime do Estado Novo correspondia a um nítido afastamento ideológico, assistimos a uma espécie de braço-de-ferro, mais ou menos dissimulado, entre sectores da Oposição Democrática e instâncias do regime fascista, pela apropriação da figura de Egas Moniz. Esse desejo de reivindicar e comprovar a sua pertença simbólica a um quadrante político determinado, prosseguiu compreensivelmente após a Revolução de Abril. A análise da sua mundividência e a verificação dos seus actos e dos seus pensamentos em acto, documentados quer pelo próprio, quer pelos seus contemporâneos, devolvem-nos um trajecto infinitamente mais rico e interessante, ainda que distinto de muitas das memórias que lhe sobreviveram e em que ele próprio se empenhou, estratego hábil, admiravelmente atento e empenhado na construção da sua própria notoriedade.





NOTAS

[1] Bolseiro da FCT; aluno de Doutoramento da Faculdade de Letras da Universidade de Coimbra; colaborador do CEIS20-Centro de Estudos Interdisciplinares do Século 20. Artigo publicado na revista VÉRTICE nº 123, (pp. 20-38.), Lisboa, Julho - Agosto de 2005.
[2] É exemplo desse condicionamento, a entrada sobre a duração da experiência política de EM: «Numa breve passagem pela política, chega a Ministro dos Negócios Estrangeiros (...)». (Barreto e Mónica, 2000: 515). Apodar de breve passagem uma dedicação que se estendeu por mais de 20 anos, corresponde, de um modo ou de outro, à desvalorização relativa que EM tentou fazer passar nos seus escritos autobiográficos.
[3] (Moniz, 1927).
[4] “Sem interesse pela filosofia, ele possui, entretanto, o método cartesiano. Não o apaixonam conceitos abstractos nem as ideias teoréticas. É como que um místico da objectividade – fenómeno estranho em quem, por pouco não seguiu os caminhos das ciências matemáticas e de uma ciência que hoje se chama a física teórica.” (Coelho, 1950: 7)
[5] O Diário de Notícias de 16/03/1939 titulava na 1ª página: «O atentado contra o sr. Professor dr. Egas Moniz//O estado do ferido não se agravou durante o dia de ontem embora continuasse a inspirar sérios receios.»
[6] (Moniz, 1940a)
[7] (Moniz, 1940: 9)
[8] (Idem, 10)
[9] Nomeadamente no seu artº 5º [Diário do Governo de 22 de Fevereiro de 1933]
[10] (Oliveira Marques, 1986: 419-421).
[11] “O elemento organizador do pensamento estético de Egas Moniz é a noção de paisagem” (Pita, A.P., 2000: 228)
[12] (Moniz, 1999: 1)
[13] (Le Bon, 1981)
[14] (Moniz, 1940: 10)
[15] (Idem, 36)
[16] (Idem, 15)
[17] (Idem, 16)
[18] (Idem, 24)
[19] (Idem, 27)
[20] (Moniz, 1917)
[21] (Moniz, 1940: 32)
[22] (Moniz, 1919: 28)
[23] (Idem, 76)
[24] (Idem, 78)
[25] (Idem, ibidem)
[26] (Moniz, 1945: 15)
[27] (Idem, 19)
[28] (Idem, 17)
[29] (Idem, 20)
[30] Para uma descrição circunstanciada do entrelaçamento entre diferentes leituras da obra darwiniana, nomeadamente de Teófilo Braga e Júlio de Matos, ver Darwin em Portugal, (Pereira, 2001).
[31] (Braga, 1880: 311)
[32] (Braga, 1884: 94)
[33] No dizer de Fernando Catroga que analisa o contrabando ideológico neutralizador das incompatibilidades do positivismo Comteano com os valores liberais (Catroga, 1977).
[34] Ver, por exemplo, Richard Harvey Brown (Brown, 1998)
[35] A vida sexual, fisiologia e patologia, foi o título dado à tese que apresentou na Universidade de Coimbra, em 1902. (Moniz, 19--).
[36] (Moniz, 1951: 11)
[37] (Salazar, 1933:13)
[38] (Idem: 15)
[39] Vide anterior nota 16.
[40] (Catroga, 1977: 304)
[41] Sobre a Teoria dos Grandes Homens ver, por exemplo, Teófilo Braga (Braga, 1884) e Fernando Catroga (Catroga, 1977).
[42] (Weber, 1979: 9)
[43] Ver, por exemplo, Luís Reis Torgal (Torgal, 1989: 20) acerca da distinção entre memória e história.

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